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                                ANÉCDOTAS CON HUGO DÍAZ
1)
Por Ramona Álvarez


Corría el año 1955 en la escuela "Ricardo Rojas" de Santiago del Estero, yo tenía 11 años y cursaba sexto grado, cuando se organizó un festival para recaudar fondos para la institución. Entre los artistas que participaron desinteresadamente, se encontraba Hugo Díaz que ofreció una actuación memorable para todos los que estuvimos allí.
La semana siguiente al festival, las maestras redactaron cartas de agradecimiento a todos los músicos que colaboraron con la fiesta, y eligieron a los mejores alumnos para enviárselas personalmente. Y grande fue mi alegría cuando me nombraron para entregarle la carta a Hugo Díaz en persona.
Fui acompañada de una maestra, hasta la casa del armoniquista que vivía en pleno centro de la ciudad de Santiago del Estero. Era una casona grande con un patio central. Hasta allí me hizo pasar una señora hasta esperar la llegada del músico. Mi maestra me aguardaba en la puerta de la casa. Al cabo de unos minutos apareció el señor Hugo Díaz con su tradicional peinado a la gomina y su voz grave.
Me invitó a sentarme y me ofreció un vaso de jugo. Me preguntó sobre la escuela y cómo había terminado el festival. Le entregué la carta que la recibió con sorpresa y gratitud. Ordenó a la señora que me hizo pasar, a que invitara a entrar a mi maestra que esperaba en la puerta pero, como nos apremiaba el tiempo debíamos regresar a la escuela.
Hugo Díaz me acompañó a la puerta, allí saludó a mi señorita, nos agradeció una vez más el gesto de la carta y nos despidió amablemente.
Hasta aquí llegó mi breve pero siempre recordada anécdota con uno de los más grandes armoniquistas del mundo, Hugo Díaz.

Nota de Redacción: "Las vueltas de la vida" , Ramona Álvarez, protagonista y narradora de esta anécdota es, desde hace casi 40 años, la esposa de otro gran armoniquista argentino, Paco Garrido.

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